La educación artística como comunidad

Adriana Raggi Lucio

 

Si supones que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si supones que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar las cosas.[1]

Noam Chomsky

Un texto que escribí hace unos meses sobre la educación artística comienza con esta afirmación:

La educación artística actualmente es una forma de entrenamiento y normalización del pensamiento, siempre dentro de los límites convencionales del arte. Se trata de crear objetos sin hacer un proceso cognitivo ni analítico acerca de éstos. ¿Para qué se crean estos objetos, para qué se entrena a los estudiantes? La tarea de las escuelas de arte hoy en día es poco clara. Pero cabe pensar en un espacio de transformación, en donde se trabaje desde un arte y un sistema educativo de empoderamiento, que de pie a un cambio en el pensamiento de los estudiantes y en el trabajo en el aula.[2]

Parto de esta idea porque en mi proceso como profesora de arte en diferentes niveles e instituciones educativas, he vivido la experiencia de trabajar con alumnos que tienen una relación misteriosa y conflictiva con el arte. Se preguntan qué es el arte, cómo pueden relacionarse con él, y no saben qué quieren hacer. Existe una gran angustia ante la indefinición del arte, pero también ante la falta de claridad de los estudios de arte. Un estudiante que ingresa a una facultad o escuela de arte tiene sueños y esperanzas, y sobre todo una gran confusión. Se pregunta si esto le dará un trabajo, un medio de subsistir y se confunde más ante el hecho de que el mundo del arte, ante los ojos de muchas personas, está reducido al mercado del arte. Ese mundo del capitalismo salvaje en donde los artistas o se hacen millonarios o parecen perderlo todo.

Pero quisiera pensar desde la frase de Chomsky que le da principio a este texto y buscar la oportunidad de cambiar las cosas. Los procesos educativos del mundo entero están regidos también, como el mercado, por el capitalismo salvaje. Para salir de los límites que nos impone el sistema habríamos de pensar la educación artística desde una mirada cambiante, una mirada que cuestione y critique. Viendo la crítica como la define Alexander Bikbov:

[L]a crítica como descripción precisa de las condiciones de desigualdad y de la falta de libertad. Este tipo de crítica afecta al pensamiento y a la acción: si la descripción que la crítica ofrece es lo bastante acertada, entonces su efectuación requiere tener efectos emancipatorios.[3]

Entonces necesitamos entrar en acción y modificar el pensamiento. La producción artística no es hoy en día –y en realidad nunca lo ha sido– un lugar de producción y venta de objetos, es un lugar de producción de conocimiento del mundo en el que vivimos. Para Leonardo da Vinci o Marcel Duchamp, el arte se hacía desde una crítica y una búsqueda de conocer y comprender lo que sucede en nuestra sociedad. Chris Burden se hizo disparar el brazo para crear un proceso crítico de la violencia de su país. Los pasos ante la cámara de Bruce Nauman y la relación con un coyote de Joseph Beuys, nos hablan de procesos de crítica del arte ante el sistema.

¿Qué habría que hacer en una escuela de arte para provocar un movimiento de enseñanza que vaya más allá de la repetición? He escuchado en muchas ocasiones en mi paso por la FAD, que la Facultad no tiene la función de educar artistas, que eso es imposible. Ante esta actitud pienso en estas palabras de Luis Camnitzer:

Mirando el peor de los casos, se podría justificar el proceso diciendo que aquellos que no logran pasar por el filtro por lo menos aprenden a apreciar y a consumir el arte. Cosa que significa que la carrera del arte está en la situación privilegiada de simultáneamente crear a los productores y a su mercado. Es como educar médicos, pero en donde con la misma inversión de dinero, aquellos que no logran graduarse terminan siendo educados para enfermarse y servir de pacientes.[4]

No podemos utilizar todo un sistema educativo artístico para no educar a los artistas, no me parece oportuno en un país que gasta tan poco dinero en educación poner ese poco en un lugar sin esperanza, porque si el estudiante de la Facultad entra a estudiar en un sistema que le va a decir que no puede ser artista, ¿qué estamos haciendo? Para Arthur Danto el arte contemporáneo es un espacio de libertad, busquemos ese espacio y despertemos el instinto de libertad en el aula, donde quiera que sea esa aula.

Ahora, ya planteada esta primera idea, sigue lo más complicado: pensar cómo trabajar la crítica y la esperanza en un aula. Desde hace 15 años practico la enseñanza del arte en la universidad, cuando comencé esta labor recurrí al recuerdo de quienes fueron los profesores que marcaron mi paso por diversas instituciones educativas, y me formaron desde la crítica. Esos recuerdos los convertí en acción, emulaba a mis profesores para ser profesora. Siempre pretendo en clase lograr un diálogo con mis estudiantes, hacer que verbalicen y confronten su pensamiento con un texto, un tema o una idea.

La elaboración y comprensión de conceptos y procesos artísticos es personal y política. Desde hace mucho tiempo que trabajo con la intención de que mis estudiantes comprendan la complejidad del mundo del arte, y que se confronten con ella. Pero, desde hace relativamente poco, es que he empezado a procesar la idea de que un estudiante o un artista no puede crear todo un proyecto artístico en la soledad y la individualidad. A pesar de que siempre traté de crear una colaboración en el salón, hasta ahora puedo elaborar la idea de una comunidad de aprendizaje y producción de conocimiento. Una idea difícil en una lugar tan profundamente capitalista y precario, como lo es el llamado tercer mundo.

La comunidad y colaboración en el aula conlleva varios retos, el primero es lograr transmitir la idea a mis alumnos, la importancia de ver al otro como parte de un mismo sistema y como posibilidad de cambio. En mi paso por diversas instituciones y colectivos he descubierto lo complicado que es pasar de la idea a la acción. Podemos esbozar la idea de comunidad, pero después de esbozarla se nos complica de manera extraordinaria llevarla a cabo. Así que el segundo reto es lograr una comunicación clara entre mis estudiantes, para después obtener una verdadera colaboración.

Hay un momento en todo este proceso en el que se reproducen en el salón de clase vicios arrastrados desde las primeras etapas educativas, como la idea de que trabajar en equipo significa que cada quien hace una parte del trabajo para después hacer un pastiche de esas partes, pastiche que suele ser sumamente repetitivo, aburrido y falto de propuestas. Este proceso no conlleva esperanza, no crea un proceso educativo crítico, se basa en la repetición de información.

Actualmente me encuentro en la búsqueda de métodos y procesos que lleven a mis estudiantes a la crítica, en ocasiones la desesperanza flota en el salón de clases, se respira de forma pesada, pero en esos pequeños momentos en que se rompe ese ambiente y podemos todos respirar de nuevo, se pueden ver las oportunidades de cambio.

Para lograrlo también he recurrido a mis colegas. La creación de grupos de trabajo y colaboraciones de distintos tipos me ha ayudado a pensar el cambio desde diferentes horizontes. Al igual que para mis alumnos es complicado encontrar el punto colaborativo, para mis colegas y para mí, ese punto es elusivo también. Por razones diferentes, pero siempre por un sistema en el que estamos inmersos y que en ocasiones no nos permite encuentros de horizontes. Pero puedo ver en nosotros la capacidad de crítica que nos llevará a cambiar las cosas o al menos alguna cosa.


[1]Noam Chomsky interviewed by Fred Branfman, http://www.chomsky.info/interviews/199702–.htm, consultado el 28 de agosto de 2015,

If you assume that there’s no hope, you guarantee there will be no hope. If you assume that there is an instinct for freedom, there are opportunities to change things.

[2] Adriana Raggi, Educación, normalización y violencia, http://adrianaraggi.com/2015/08/07/educacion-normalizacion-y-violencia, consultado el 28 de agosto de 2015.

[3] Alexander Bikbov y Dmitry Vilensky, “Sobre la práctica y la crítica”, trad. Marcelo Exposito, en eipcp.net, http://eipcp.net/transversal/0808/bikbovvilensky/es/, consultado el 28 de agosto de 2015.

[4] Luis Camnitzer, La Enseñanza del arte como fraude, http://esferapublica.org/nfblog/la-ensenanza-del-arte-como-fraude/, consultado el 28 de agosto de 2015.

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