Tres agentes dentro del binomio educación / arte. La activación del aula dentro de los terrenos del arte.

M.A.V. Carlos Romualdo. Facultad de Artes y Diseño-UNAM.

“Ser docente es mi más importante obra de arte Lo demás es un desecho, una demostración”. Joseph Beuys, Artforum, 1977.

“Corresponde sus preguntas y dile que por siempre yo la apoyaré” Julio Cesar Mondragón Nava, Estudiante de la Escuela Normal “Raúl Isidro Burgos”, desaparecido. Carta de despedida.

El presente ensayo está planteado como una breve disertación sobre tres agentes o figuras básicas dentro del binomio Educación / Arte; más que llegar a conclusiones precisas se plantean diversos cuestionamientos sobre las relaciones que se establecen entre los mismos agentes.

La primera de las aproximaciones se enfoca en la figura del docente como facilitador del conocimiento que, funciona como puerta de entrada a un terreno sumamente inestable que se llama campo artístico. Como segundo agente se localiza al estudiante de arte, un sujeto con miles de cuestionamientos, incertidumbres y pequeñas certezas con las que trata de ingresar al conocimiento y práctica del mundo del arte, practica con la cual él cual trata de entender su propio mundo. Por último encontramos la figura de la escuela de arte, academia o institución de arte, que insertada en diferentes contextos culturales-sociales-políticos, tiene una función especifica hacia una sociedad que necesita el arte como un catalizador mismo de las diferentes presiones socio- culturales. El contexto para este trabajo es un momento y lugar donde la educación parece seguir siendo privilegio y una opción en un espacio donde no es extraño la desaparición de derechos laborales así como educativos, y donde el uso de la violencia parece ser un recurso sistemático e institucionalizado a la ves que se encarga de poner en silencio la denominada libertad de expresión.

En las tres figuras abordadas se presentan algunas similitudes entre las mismas, ellas se encuentran compartiendo un proceso de educación, enseñanza y aprendizaje [del arte]. Pero sucede que en tiempos de indefiniciones y confusiones, estos tres agentes, entran en conflicto y se comienzan a preguntan ¿qué soy?, ¿qué hago aquí?, ¿qué espero de…?, y se dirigen esas preguntas los unos a los otros.

Si hablamos de educación y arte estamos poniendo sobre la mesa una serie de tensiones que van desde lo cultural hasta lo económico, pasando por los diferentes espacios tecnológicos y al final llegamos al punto donde es nos preguntarnos ¿la educación para qué?, para qué si los contextos sociales estás altamente construidos sobre plataformas jerárquicas y donde la educación sigue pareciéndonos un privilegio para unos cuantos. Si la pregunta se plantea como una inquietud hacia la necesidad de la educación, vemos que se pueden presentar dos respuestas a cerca de la educación, tal como lo afirma Noam Chomsky(1), “la educación, se puede entender como un sistema de adoctrinamiento; donde el alumno tiende a ser colocado en un marco de referencia para aprender a acatar ordenes, donde se acepta sin cuestionar para al final obtener mas formación vocacional, o la educación como un recurso que posibilita el aprender por si mismo, donde se permita el desafío y el cuestionamiento, un espacio que permita la búsqueda de alternativas y se permita el uso de la imaginación.”

Es aquí que me gustaría recordar una obra que me ha dado vueltas en la cabeza por las posibles conexiones metafóricas o significaciones que se pueden suscitar con ella dentro del campo pedagógico, así como la dificultad que se tiene para explicar las cosas y el arte. Wie man dem toten hasen die Bilder erklärt / Cómo explicar cuadros de arte a una liebre muerta (1965) pieza realizada por el artista y docente Joseph Beuys (Kefreld 1921-1986), la acción consiste en que él pasó horas en una galería llevando entre sus brazos el cuerpo de una liebre muerta y mientras caminaba, iba explicando en susurros el significado de obras de arte al animal muerto. Si bien la escena no está directamente conectada con un escenario académico, sí conlleva un interés por denotar la dificultad de explicar arte no únicamente el pensamiento intelectual, sino desde los sensible, esto no es para mi algo tan diferente de los acontecimientos que se suceden dentro de un aula dedicada a la enseñanza artística. Podríamos conectar a un profesor con la imagen de Beuys, a los estudiantes de artes con la imagen de una liebre muerta, y finalmente al recinto- galería como una institución educativa; a los mejor si regresamos a nuestras conocidas aulas podremos ver algunos paralelismos y relaciones. Es aquí donde entra nuestra primer figura en el relato.

1. El docente. (Es importante que aquel que habla del mundo lo conozca y lo haya experimentado)

Parece lógico afirmar que educar o compartir conocimiento en el terreno del arte no es lo mismo que educar para las diferentes áreas y actividades humanas, como lo podría ser en las ciencias duras, un pequeño requisito parece ser la imperiosa necesidad de activar el aula de clase de artes o un taller de producción artística desde el momentum en el que se pone en marcha un curso o etapa, así como importante es el desarrollo y la conclusión de un curso, lo que sucede dentro de este tiempo depende por un lado en la capacidad del docente para poner en marcha un espacio posibilitador del cuestionamiento y aprendizaje, pero además por a capacidad de empoderamiento hacia el alumno, sin delegar responsabilidades.

Una pequeña verdad es que no todos los personajes que están a cargo de un aula llegan a cumplir cabalmente el calificativo de profesor, ya que según la Real Academia de la Lengua Española afirma que un profesor es “una persona que ejerce o enseña una ciencia o arte”, pero la realidad se necesita que un profesor este vinculado a su área, ya que conociendo el campo de acción se puede compartir las experiencias que se pueden tener en el mismo, independientemente de si nos encontramos en una escenario donde la oportunidad de ejercer arte se complica y donde al parecer a los artistas no les queda otra mejor opción que dedicarse a la docencia renunciando al proceso de investigación o producción.

Hay que cambiar varios paradigmas con respecto a los roles que se dan dentro de un aula de clase, una posibilidad es cambiar la noción del profesor de un sujeto que provee conocimiento o experiencias por un agente que guía y acompaña en un proceso de búsqueda constante, ya que el alumno puede dejar de ser un consumidor pasivo de conocimiento y puede devenir en un productor de conocimiento, siempre y cuando se desarrolle en un ambiente de libertad para el cuestionamiento y donde al alumno se le permita crear sus propios métodos y se le permita usar su propia inteligencia(2). Luis Camnitzer nos recuerda que profesor o docente, “debe pasar de una posición en la que ostenta el monopolio del conocimiento a la de agitador y catalizador”(3), se trata en últimas de una sincronía entre el profesor y el alumno en un recorrido por un aprendizaje y el conocimiento. Si podemos ver el arte “no como una forma de producción sino como una forma de expansión del conocimiento”(4) nos encontramos aquí con otro problema: el momento de establecer una evaluación de lo aprendido en clase; ¿cómo evaluar el proceso de un estudiante si lo que se busca es activar el aula en una especie de laboratorio de experiencias y no caer en la asignación de una nota a partir del ánimo del día?

Por otro lado vemos que una lección de arte que altera el mismo contexto en el que se lleva a cabo, ya sea por medios performativos, ambientales o discursivos, puede llegar a ser memorable en cuanto a experiencia, parece ser que es con esa experiencia con la que se alimenta la intuición en la resolución de cuestionamientos y es con la misma experiencia memorable que se sale de clase, sin llevar una definición estática sino una constantemente cambiante, evaluativa, modificable y mejorable. Una experiencia memorable conectada con la realidad y la utilidad.

2. La Institución (no se trata de hacer “arte político”, sino de politizar a la gente y de ayudarle a hacer arte.(5)).

Es interesante ver que en tiempos donde las relaciones sociales están mediadas en gran parte por las redes sociales y la hiperconectividad, la búsqueda del conocimiento se ha desplazado del aula y las instituciones educativas hacia el inmenso mar de información presente en internet. Pero si se ha presentado este cambio en cuanto a la búsqueda de fuentes de información y conocimiento, ¿a qué se debe que algunas instituciones educativas se quedan al margen tanto de la tecnología como de los actuales medios de comunicación, y no se pretende revisar qué es lo que continua siendo las áreas de oportunidad de las misma instituciones educativas.

Como en muchos casos, se abre un debate en cuanto a las posturas de las instituciones; velar por los dictados sociales de control o por aventurarse a lo desconocido desde el arte, en un espacio de experiencias e intuiciones. En cuanto al primer caso podemos recordar a Arthur D. Efland diciendo lo siguiente “Fueron los miembros poderosos de cada sociedad los que determinaron los fines a los que debían servir las artes y crearon las instituciones adecuadas para llevar a cabo estas tareas”. (6)

En contraparte Armando Montesinos afirma que:

En un centro para artistas no suele haber un programa docente que cumplir, sino numerosas actividades e intercambios creativos en absoluta libertad; a veces es un frenético lugar de experimentación, otras un productivo retiro del mundanal ruido. Aquí la transmisión de conocimiento se produce a través de la combinación de experiencias individuales y problemáticas colectivas, ambas fruto de la inmersión permanente en el mundo artístico.(7)

Revisar las concepciones para sí mismas de las instituciones y los centros educativos, parece ser una necesidad a la hora de enrolarse en cualquier programa artístico, dado que no es lo mismo la preparación para producir objetos artísticos que el análisis de los procesos que conllevan a la generación de esos objetos. Camnitzer nos recuerda que “estamos absortos en la caligrafía a expensas de los asuntos sobre los que escribimos”(8). Probablemente este es el punto de debate en las instituciones de enseñanza de arte, aprender-producir o analizar-cuestionar-proponer.

3. El Alumno (quienes no logran hacer una carrera como médicos pueden, con la misma inversión, hacer las veces de enfermos(9))

Podemos ver que el modo de ser que han seguido las instituciones de enseñanza artística poco han hecho por funcionar como laboratorio de experiencias y análisis, así el estudiante se ha conformado en ser el depositario de los deseos institucionales y discursivos dentro de una concepción de arte que únicamente conduce a la producción de objetos artísticos anclados en periodos ajenos a los cambiantes tiempos en los que nos encontramos.

Si es cierto que el estudiante es el depositario pasivo de los programas ortodoxos, planes de estudio caducos y carentes de una visión del panorama actual, entonces la imagen de una liebre muerta viene muy a tono con la función pasiva del aspirante de la información. Pero ¿cómo y en qué momento una liebre muerta reconoce su estado?.

Dentro de las expectativas institucionales que se esperan de un alumno nos encontramos dos posibilidades: o se espera que el alumno genere habilidades y competencias o que aprenda a cuestionar la necesidad de tales habilidades y tales competencias. De aquí se desprende la pregunta de ¿para qué serviría el arte? ¿para qué serviría estudiarlo sí la posibilidad de cambiar nuestras propias realidades se convierten en objetivos difícilmente realizables?

Momento de activación.

Una liebre muerta que escucha, que entiende, piensa, escapa de la muerte o cuestiona su muerte, en una liebre que resucita.

De repente, en una escuela de arte, entre los profesores y en un aula, alguien, un sujeto se atreve a cuestionar, -¿para que me sirve esto que me enseñan?- y continua: -¿No será que lo que aprendo aquí, únicamente es aplicable al aquí, y en cuando salga a ese campo de acción que me prometen, me sentiré tan ajeno como el primer día que ingresé a esta escuela?. A lo mejor la liebre se increpa a si misma y enuncia – ¡me he cansado de ser esa liebre muerta a la que le tienen que explicar el significado de las cosas!, ¿quién decretó mi muerte y a quién le debo el papel pasivo de estar únicamente como espectador enun terreno de múltiples preguntas?

A manera de conclusión.

Si bien el arte abre otros caminos, otras rutas de entendimiento y relación en sociedades en peligro de desarticulación, como recuerda Adriana Raggi en el ensayo Educación, normalización y violencia, la escuela o facultad de arte puede ser “un espacio de transformación, en donde se trabaje desde un arte y un sistema educativo de empoderamiento, que de pie a un cambio en el pensamiento de los estudiantes y en el trabajo en el aula”.(10) La idea es pasar de un sistema educativo de control y adoctrinamiento, a un espacio que posibilite la investigación y la asimilación de lo significante de estar parado en terrenos inestables, como lo es el arte. Así, a lo mejor, es en el segundo objetivo donde se les permita a las liebres cuestionar la pertinencia de las jaulas y se aprenda cuestionar la misma muerte. A lo mejor es una aula activada la que recuerden los alumnos-liebres-libres por las múltiples experiencias y caminos variados por los que se aprende a preguntar y cuestionar, hasta que al final, desafiar pueda llevar a una especie de liberación o resucitar de las liebres.


 

1 Entrevista a Noam Chomsky, http://lasdisidentes.com/2015/07/24/chomsky-el-objetivo-de-la-educacion/ consultado el 25 de agosto de 2015.

2 Jacques Ranciere, El maestro ignorante, Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. p. 12. [en linea] Editorial Lartes. Disponible en http://www.fundacion.uocra.org/documentos/recursos/articulos/El-Maestro-Ignorante-Ranciere.pdf

3 Luis Camnitzer, Educación y fraude, Arte contexto [en linea], 2007, No. 16, pp. 8 [fecha de consulta: 10 de diciembre del 2015]. Disponible en http://www.artecontexto.com/es/leer_en_linea-16.html

4 Luis Camnitzer, Idem

5 Luis Camnitzer

6 Arthur D. Efland, una historia de la educación del arte. Tendencias intelectuales y sociales en la enseñanza de las artes visuales, Barcelona, Ediciones Paidos Ibérica, 2002. p. 17

7 Armando Montesinos, Zoología y fábulas de la educación artística, Arte contexto no.16, pp. 22, [fecha de consulta: 10 de diciembre del 2015]. Disponible en http://www.artecontexto.com/es/leer_en_linea-16.html

8 Luis Camnitzer, Educación y fraude, Arte contexto [en linea], 2007, No. 16, pp. 8 [fecha de consulta: 10 de diciembre del 2015]. Disponible en http://www.artecontexto.com/es/leer_en_linea-16.html

9 Luis Camnitzer,

10 Adriana Raggi, Educación, normalización y violencia., 4 de agosto del 2015, http://lasdisidentes.com/2015/08/04/educacion-normalizacion-y-violencia/#more-4238 consultado el 25 de agosto de 2015.

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