Vivir la teoría. Enfoques desde la pedagogía feminista cuir.

Lizeth Gamboa Ortega[1]

Facultad de Artes y Diseño (UNAM)

liz.misterio@gmail.com

Benjamín José Manuel Martínez Castañeda[2]

Facultad de Filosofía y Letras (UNAM)

benjaminjosemanuelmc@gmail.com

Introducción

La educación estética y artística dentro de los planes de estudio de educación básica tiene como objetivo principal, el adquirir habilidades de los lenguajes artísticos para valorar la riqueza y diversidad del patrimonio artístico y cultural, así como estimular sus capacidades afectivas y cognitivas en relación a sus necesidades de comunicación dentro de un contexto sociocultural. Hoy en día en México vivimos junto con la amenaza, la pregunta es: ¿nosotras como carne de cañón (estudiantes, jóvenes, docentes) de qué forma podríamos, desde la educación estética y artística, sensibilizar afectiva y políticamente a las nuevas generaciones? La pregunta nace a partir de nuestra experiencia docente y al ver en nuestrxs alumnxs un letargo social viviendo ensimismados dentro de las redes sociales.

Como estrategia didáctica y metodológica, hemos optado por las teorías feministas y políticas cuir. El feminismo entendido como animalismo, es decir, el volvernos animales relacionales, y no desde la victimización o ver a las mujeres como sujetos políticos del feminismo. Las políticas cuir como posicionamiento en la que no hay jerarquización de poderes (maestrx-alumnx). Al sumar ambas teorías dentro de los proyectos establecidos en los planes de estudios, se han logrado trabajos que favorecen los modos de comunicación intrapersonal e intrafamiliar en un primer nivel. Nuestros objetivos a mediano plazo es que lxs alumnxs, a través de dichos proyectos, logren un grado de conciencia y una especie de comunión entre lo que ocurre políticamente en nuestro país y ver en los afectos una posible defensa.

Vemos en la educación estética y artística el medio por el que se puede realizar una sociedad en la que no solo los factores sociopolíticos, sino que también la naturaleza, no le son ajenos al ser humano. Nos negamos a renunciar a las manifestaciones sensibles, ya que en el estado de violencia en el que vivimos no se educa la sensibilidad del sujeto sino que se le reprime. Así pues, creemos que el arte juega un papel de suma importancia en la formación moral; esto es, hacer de nuestro estar-en-el-mundo una creación ético-estética, en donde esta estetización de la vida huma permita una sensibilidad y conciencia política que nos haga más sensibles ante las injusticias.

Vida amenazada

Los tiempos violentos que vivimos en México: Santa María Ostula (Michoacán), Ayotzinapa (Guerrero), Tlatlaya (Edo. Mex.), Ciudad Juárez (Chihuachua), nos han obligado y enseñado a <<vivir juntos>>; ¿pero qué pasa cuando el vivir juntos es atravesado por la violencia? “Todo se suspende, el derecho se tensa, se cimbran las instituciones, la violencia legítima del Estado se extravía, y pierden su sentido ‘el construir’ y ‘el habitar’. Todo se interrumpe (…)”.[3] En este tiempo en el que todo se detiene: guerra, criminalidad y terrorismo se vuelven moneda de cambio; el vivir sin tiempo implica precariedad y desolación, donde lo que se tiene es la experiencia de la vida amenazada.

            Para una persona como nosotras: disidentes, estudiantes ydocentes, es angustiante salir a la calle, hacer nuestras clases y hablar públicamente. La amenaza nos persigue, acosa y acorrala; nos intimida y no nos deja actuar libremente. “Ante la amenaza de la violencia no queda más que el silencio, ante el otro que arremete, frente a la crueldad y prepotencia, silencio digno y modesto”.[4] Quizás el silencio suene a letargo, sin embargo, es en el cruce de la amenaza y el silencio donde ocurre el porvenir del mundo; pues es ahí donde toman fuerza los posicionamientos políticos.

Feminismo cuir

Para poder avanzar en relación a la vida amenazada, debemos entender por política lo siguiente: “(…) el conjunto de relaciones y compromisos estructurados de acuerdo con el poder, en virtud de los cuales un grupo de personas queda bajo el control de otro grupo”.[5] Recurrimos a la Política sexual de Kate Millet por la forma en que lleva la teoría de las relaciones de poder a un nivel anterior de lo tradicional: la familia. Sin embargo, en nuestro caso, las relaciones de poder se dan en el salón de clase o taller; no renunciamos a nuestra posición docente, pero sí buscamos romper esa jerarquización vertical alumnx-maestrx.

            Al romper con esta línea de poder nos posicionamos desde lo cuir, ya que: “No es una identidad, sino un proceso de autocrítica radical y de crítica a la sociedad y a sus categorías absolutas como lo masculino y lo femenino.”[6] Esta <<autocrítica radical>> nos permite ver el salón de clases o taller como una heterotopía; es decir, como ese espacio que anula los espacios tradicionales, o bien, como ese lugar en el que los sueños y metáforas se llevan a cabo. Haciendo una lectura del Manifiesto contra-sexual de Beatriz Preciado, notamos que: “(…) la contra-sexualidad apunta a sustituir ese contrato social que denominamos Naturaleza por un contrato contra-sexual. En el marco del contrato contra-sexual, los cuerpos se reconocen a sí mismos no como hombres o mujeres, sino cuerpos parlantes (…)”.[7] Así pues, esta animalidad permite acceder y performar cualquier tipo de práctica y enunciación de los sujetos.

Sobre la educación Feminista

La educación feminista está mediada por espacios en donde las vivencias personales y los afectos son llevados al aula, es una educación que atiende a las emocione y a las experiencias de vida de cada unx, y las pone sobre la mesa para que afecten, trastoquen y tuerzan las dinámicas verticales y positivistas del aula. En la educación feminista se hacen presentes nuestros cuerpos y constantemente hay dilemas éticos que atender, pues cuando una se sale de los márgenes de la verticalidad y el desapego de la educación tradicional, y se abre campo para la emocionalidad y la subjetividad, se entra en conflictos por los diferentes posicionamiento; pero a la vez se enriquece la discusión no solo a nivel intelectual sino también ético y personal.

“(…) me convertí en adicta a la educación de arte feminista, entre otras cosas, porque uno de sus ejes primordiales era trabajar con la experiencia personal de las participantes: lo que sentíamos era tan importante como lo que pensábamos.

La experiencia me fue tan reveladora en términos de entender que el sexismo permeaba cada rincón de mi existencia y que el arte no sólo no estaba exento de responsabilidad, sino que era un importante dispositivo de transmisión de las ideas del patriarcado, que al regresar a México quise compartir lo que había aprendido.  De alguna forma me parece que los verdaderos procesos de educación, esos que nos cambian la vida, tienen una estructura de contagio que nos compele a replicarlos.”[8]

Aún no se inventan los manuales para una educación feminista, y quizás sea mejor así, pues eso nos permite que cada vez que nos proponemos compartir conocimiento juntas, nos pongamos a tejer y destejer, estirar y aflojar los límites, las redes y las posibilidades de alianza y colaboración.

Prácticas de empoderamiento feministas

(Por Liz Misterio)

Para mí, el tener acceso a una educación feminista fue una tabla de salvación que me permitió darme cuenta de que mis vivencias y preocupaciones no eran banalidades y cosas sin importancia como en la Academia de artes centrada en las ideas de la experiencia masculina del mundo como la experiencia universal; eso me quisieron hacer creer. El que en estas dinámicas educativas lo que se siente y lo que se ha vivido sea tan importante como el discurso filosófico, o más bien, que el discurso se enriquezca a través de las experiencias y reflexiones <<situadas>> en cada una me ayudó, no solo a tener un vocabulario más amplio, además de categorías de análisis más complejas ante los fenómenos sociales que analizo en mí practica, sino que me ha hecho cuestionarme cómo otros sistemas de inequidad intersectan en mi experiencia y cómo a pesar de las diferencias, podemos crear maneras de ser y estar juntxs entre personas cuyas experiencias nos son ajenas entre nosotrxs pero unidxs por un diálogo compartido.

            Durante mis años formativos en la Universidad y después de andar investigando y haciendo obra en solitario, me sentí como la última feminista sobre la tierra; por suerte, encontré el Taller de Arte y Género (TAG). Aquí descubrí algo con lo que solo había soñado: un grupo de artistas de diferentes edades y con cuestionamientos que a mí me interesaban. Dirigido por la artista visual Mónica Mayer, el TAG fue un grupo de investigación y creación en el que a través de estrategias setenteras, traídas por Mónica de su experiencia en el Woman´s Building[9] en Los Angeles; discutíamos sobre temas de los que mucho se habla pero se dice poco: nuestros cuerpos, la violencia, el patriarcado, el aborto, la maternidad, pero también sobre las vicisitudes de asumirse políticamente como artista feminista y estar siempre nadando contra corriente.

            Aprendí lo que ha sido la lucha feminista en México, además de conocer a las que hoy son mis compañeras del colectivo M.O.R.R.A, Mine Ante, María Laura Ise, Miroslava Tovar; que por afinidad de edades e intereses, decidimos comenzar a trabajar juntas desde el año 2011. En M.O.R.R.A trabajamos temas que van desde la violencia de género hasta la pornografía, pasando por la identidad y sexualidades disidentes. Siempre con un enfoque educativo y participativo. Nos interesa tocar temas tabús desde estrategias lúdicas y afectivas, pues creemos que de esta manera podemos dialogar e incidir micropolíticamente en las personas y localidades, pues la violencia de género nos afecta a todxs y las estructuras de poder que violentan a los cuerpos son variadas y complejas.

Durante el 2011 hicimos el taller “Video viviendo” en el que impartimos un taller de video a un grupo de niñxs y adolecentes de 8 a 15 años en el que trabajamos la identidad, la autorrepresentacion, el cuerpo y la violencia, en realidad la enseñanza de técnicas artísticas y de video era el mero pretexto para formar un grupo de confianza en el cual podían compartir sus ideas y experiencias con los otros, a la vez que explorar las maneras en que la violencia se cuela en sus vidas. El resultado fueron una serie de videos individuales realizados en animación stop motion, teatro guiñol y actuación en los que lxs niñxs desarrollaron una narrativa sobre una situación violenta a la que analizaban y planteaban una solución a través de sus ficciones.

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Fig. 1. Aprendiendo a usar la cámara digital y la técnica de animación stop motion.

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Fig. 2. Puesta en común para la grabación de los videos finales.

Creemos en el placer como espacio de acción política a través de la reivindicación de prácticas sexuales y corporalidades no normativas, a la vez que vemos en el placer disidente un espacio fértil para hurdir complicidades y alianzas. Por todo eso realizamos el proyecto “Tómame cariño: encuentro nocturno de sexualidades disidentes” en el que buscamos generar un espacio lúdico y cordial para explorar con la representación y la autorrepresentación erotica/pornográfica, a la vez que contribuimos con nuestro granito de arena para disipar las nociones de que toda pornografía es misógina, que solo los cuerpos retratados en la pornografía mainstream son dignos de ser deseados y que todo disfrute sexual es algo indebido y vergonzoso que debe hacerse en privado. Nuestro objetivo fue hacer partícipe a un público amplio de cuestionamientos y representaciones de la disidencia sexual desde una perspectiva lúdica, festiva y amigable.

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Fig. 3. Demostración de productos para el placer y la salud sexual

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Fig. 4. Instalación participativa “Cuerpos Utópicos” durante el “Tómame Cariño”

Pedagogía feminista cuir

(Por Benjamín Martínez)

Tengo cuatro años ejerciendo labores docentes en una institución de educación básica, así como ocho años de docencia en educación no formal. Los primero años fueron cruciales para definir ideológicamente mi servicio. Estoy en contra de las relaciones verticales, yo no puedo renunciar a la relación director-maestro que sostengo con mis patrones; pero sí puedo romperlas dentro de mi salón de clases. En este espacio no hay alumnxs ni maestrx, sólo sujetos que interactúan entre sí; dentro de mi salón de clases no existen los varones; en mi salón de clases se habla en femenino. Todas, incluidas la pizarrón, devenimos mujeres como apoyo a todxs esxs compañerxs que viven una situación crítica. El mayor problema con el que me enfrenté en la escuela para la que presto mis servicios, fue una situación racial; un chico de tez morena sufría de bullying al ser señalado por sus compañerxs como “niga”. En ese momento decidí cambiar las dinámicas en Secundaria, todxs fuimos mujeres. Hubo reacción y defensa ante esta postura; pero con el tiempo se dieron cuenta que todos somos vulnerables y que los <<defectos>> de nuestro cuerpo pueden ser una herramienta muy poderosa en el espacio público. Esta es una de las razones por la cual no existe el color “piel” en mi salón de clase.

            Al romper estas estructuras o hacer crítica a las categorías que nos sujetan, una de las más divertidas estrategias que pude adoptar fue el renunciar a nuestros apellidos y nombres. Dentro del salón de clase yo sigo siendo Benjamín por decisión de lxs chicxs, pero ellxs se volvieron quimeras con nombres impronunciables, o apodos no bien vistos dentro de la institución. Por esta razón es que considero mi salón de clases como una heterotopía, pues es ahí donde dejamos de existir como individuos y nos volvemos subjetividades diversas que solo juegan a ser. “Lo queer es el espejo que refleja los temores de las tribus heterosexuales: ser diferente, ser otro y por lo tanto minoría, por ende, sub-humanos, in-humanos, no-humanos;”[10] a partir de esta lógica se encausa el devenir otro, devenir en el que mis alumnxs asumen una conciencia política.

            Año con año montamos una ofrenda temática, la cual siempre está encausada a los grupos minoritarios; en este ejercicio lxs chicxs se asumen como esta minoría y juntxs reflexionamos sobre los problemas políticos e identitarios a los que estamos sujetxs. Esta actividad tiene como objetivo recuperar las tradiciones locales sobre la muerte en México, pero ¿hasta dónde esas tradiciones se convierten en herramienta política? Una posible respuesta le encuentro en el momento en que esa minoría se hace visible e inteligible para otro grupo minoritario, que a diferencia de los primeros, posiblemente tengan voz y representación política desde la normatividad. Al poner el cuerpo en primera persona es asumir una diferencia política.

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Fig. 5. Benjamín Martínez Castañeda.

Ofrenda mortuoria realizada en el año 2013 en memoria de lxs víctimas de transfobia. Las plumas de los sombreros de las catrinas corresponden a los colores de la bandera trans.

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Fig. 6. Benjamín Martínez Castañeda.

Ofrenda mortuoria realizada en el año 2014. Dedicada a la comunidad Muxe, comunidad trans del istmo de Tehuantepec, Juchitán, Oaxaca, México.

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Figs. 7 y 8. Benjamín Martínez Castañeda.

Ofrenda mortuoria realizada el año 2015, dedicada a lxs muertxs políticos resultado de la represión que se vive en México actualmente.

Fuentes de Consulta

ANZALDÚA, Gloria, Borerlands/La Frontera: The New Mestiza, Ed. Aunt Lute Books, San Francisco, 1999, 260 pp.

MAYER, Mónica, “Entre la educación amorosa y la educación por osmosis”, en Revista Vozal # 1, http://revistavozal.com/vozal/index.php/arte-y-feminismo-entre-la-educacion-amorosa-y-la-educacion-por-osmosis (Última consulta 26-08-2015).

MILLETT, Kate, Política sexual, [Trad. Ana María Bravo García], Ed. Cátedra, España, 1995, 634 pp.

MORALES, Cesáreo, ¿Hacia dónde vamos? Silencios de la vida amenazada, Ed. Siglo XXI, México, 2010,193 pp.

PRECIADO, Beatriz, Manifiesto contra-sexual, [Trad. Julio Díaz y Carolina Meloni], Ed. Opera Prima, España, 2002, 176 pp.


[1] México D.F. 1985. Artista visual egresada de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (UNAM), participa en el Seminario de Medios Múltiples 3 (2008-2011) con quienes publica un libro homónimo en 2011. Colabora en el Taller de Arte y Género (ahora TAAF) desde 2009. Ha participado en más de treinta exposiciones e intervenciones en México. Actualmente es pasante de Maestría en Artes Visuales de la Facultad de Artes y Diseño (UNAM); es directora editorial de la revista electrónica Hysteria!

[2] México D.F. 1988. Artista visual egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (UNAM), ha presentado su trabajo en diferentes encuentros artísticos y universitarios. Actualmente es pasante de Maestría en Artes Visuales de la Facultad de Artes y Diseño (UNAM), además de cursar el último año de la Licenciatura en Filosofía (Facultad de Filosofía y Letras (UNAM); centrando sus estudios en fotografía, filosofía política y estudios de género. Se desempeña como docente de educación artística en educación básica.

[3] Cesáreo Morales, ¿Hacia dónde vamos?, p. 7.

[4] Op. Cit., p. 8.

[5] Kate Millet, Política sexual, p. 68.

[6] Mauricio Patrón, ¿Qué diablos es ser queer? Entrevista con Sayak Valencia, http://www.timeoutmexico.mx/df/gay-y-lesbico/que-diablos-es-ser-queer (Julio 2015).

[7] Beatriz Preciado, Manifiesto contra-sexual, p. 18.

[8] Mónica Mayer, “Entre la educación amorosa y la educación por osmosis”, en Revista Vozal # 1, http://revistavozal.com/vozal/index.php/arte-y-feminismo-entre-la-educacion-amorosa-y-la-educacion-por-osmosis (Última consulta 26-08-2015).

[9] Cfr. M. Mayer, Op. Cit.

[10] “The queer are the mirror reflecting the heterosexual tribe´s fear: being different, being other and therfore lesser, therfore sub-human, in-human, non-human.” En G. Anzaldúa, Borderlands/La Frontera. The new mestiza, p. 40. (La traducción es mía)

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